Comentario al Evangelio del

Pedro Belderrain, cmf

Muchos de nosotros nos hemos preguntado más de una vez cuál será ese pecado contra el Espíritu Santo al que Jesús se refirió con tanta dureza. Sería un insensato si afirmara que sé claramente a qué se quiso referir el Señor, pero el evangelio de hoy despierta en mí desde hace años una reflexión.

Jesús nos dice una vez más que para Dios nada hay imposible: el Señor lo puede todo. Y nosotros seguimos empeñados en que hay muchas situaciones personales, comunitarias, sociales, ante las que no hay nada que hacer. ¿Cómo que nada? Nosotros no podremos hacer nada. Pero, ¿y la Gracia?

Con excesiva frecuencia los creyentes hablamos de personas que “no tienen arreglo”, de situaciones en las que no merece la pena pelear… Hoy el Evangelio vuelve a recordarnos lo contrario: Dios lo puede todo. Dejemos que su Espíritu entre de verdad en esas realidades; quitemos obstáculos a su acción. No acusemos de ineficacia a las mediaciones que el Señor nos propone si no las hemos experimentado del todo.

Somos demasiados los que nos apuntamos al lamento de Gedeón: nos sentimos los más pequeños de la tribu de nuestros padres, a la que además consideramos la menos digna de todas. ¡Puede que sea verdad, pero para el Señor todo sigue siendo posible!

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