Comentario al Evangelio del

CR

Queridos amigos y amigas:

"¿De dónde saca eso?" Por dos veces la gente se hace esta pregunta en relación con Jesús. Me llama la atención esa obsesión por saber el origen cuando Jesús mismo -lo leímos ayer- había dicho que él -como escriba que entiende del reino de los cielos- es "como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo". ¿De dónde saca Jesús esa sabiduría y esos milagros? ¡Pues del arca! Aquí no hay magia que valga. Sus paisanos hubieran preferido que Jesús tuviera una chistera con un conejo dentro antes que un arca en la que caben dos testamentos: el antiguo y el nuevo. ¿Por qué un profeta "sólo es despreciado en su pueblo y en su casa"?

Muchas veces me he preguntado por la relación de Jesús y sus parientes y paisanos. Y muchas veces me he sorprendido imaginando reacciones y sentimientos que no son los que aparecen en el evangelio. Creo que históricamente la relación debió de ser tensa o desconcertante. El evangelio de hoy dice que los tenía a todos "desconcertados". Jesús no responde al patrón de hijo modelo, siempre dispuesto a satisfacer las expectativas de sus padres. Tampoco aparece como el ciudadano ejemplar merecedor del título de "hijo predilecto" de Nazaret. Él rompe las expectativas sencillamente porque obliga a los suyos a reconocer la presencia de Dios en medio de lo conocido. Todos estamos deseosos de tener alguna experiencia de Dios ... con tal de que no se produzca a través de los más cercanos. En el fondo, soñamos con fenómenos extraordinarios. Necesitamos imaginar que los buenos son siempre los desconocidos, aquellos cuya vida concreta y limitada ignoramos, y por eso podemos idealizar.

Jesús nos muestra con su existencia que el encuentro con Dios se puede producir -y de hecho se produce- en las condiciones de nuestra vida ordinaria y a través de quien menos podemos imaginar. Todo hermano puede ser un profeta para el hermano.

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