Comentario al Evangelio del

Pedro Belderrain, cmf

Seguimos caminando ayudados por mujeres. No está mal que tomemos conciencia de ello (bastantes varones lo olvidamos con frecuencia). María Magdalena ha pasado el testigo a Brígida de Suecia, una mujer que vivió en el siglo XIV y que supo del matrimonio, de la maternidad (¡la historia le consigna nada más que ocho hijos!) y de una vida retirada en austeridad y penitencia. Brígida fue, además, una gran peregrina, que recorrió buscando al Señor los caminos de Europa, y ha pasado a la historia creyente -como recuerda la oración colecta del día- por la hondura de su contemplación de la pasión de Cristo. Seiscientos años después, en los albores de este siglo, en 1999, Juan Pablo II la proclamó patrona de Europa; todos, vivamos donde vivamos, tenemos en ella una intercesora singular.

La Iglesia nos propone para la eucaristía de hoy un texto de la carta a los Gálatas y los primeros versículos del capítulo quince del evangelio según san Juan. Quizá muchos cristianos de nuestros días tengamos poca experiencia de vid y sarmientos, pero sabemos de sobra qué supone que nuestros artilugios (móviles, celulares, ordenadores…) tengan o no cobertura o acceso a la red. Dan igual la relevancia de lo que queramos comunicar y la modernidad tecnológica del último aparato que hayamos comprado; sin acceso a la red ya podemos hacer filigranas. La comparación bíblica es sin duda mucho mejor, pero lo importante es que tomemos conciencia: sin Él no podemos hacer nada; sin Él no somos nada; sin sus dones no vamos a ninguna parte.

Los textos joánicos dan un significado crucial al término ‘permanecer’, que aparece varias veces en el fragmento que hoy se proclama. Como el papa Francisco ha recordado hace bien poco a quienes se plantean seguir a Jesús, la perseverancia y la constancia, el permanecer, tienen una trascendencia de la que no podemos prescindir. Un obispo español bien agudo, Mons. Alberto Iniesta, lo advertía hace años: dos novios no pueden mantener su amor limitándose a guiñarse el ojo cuando casualmente se cruzan; una relación seria exige más hondura y duración, “permanencia”. También la nuestra con el Señor: Brígida, tú que conociste tantas formas de vida cristiana, ayúdanos a aprender y a ser buenos discípulos. Danos luz para comprender y acoger los momentos de pasión y cruz que tanto rechazamos.

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