Comentario al Evangelio del

CR

Queridos amigos y amigas:

El “sueño de Jacob” es el sueño de todo hombre religioso. En nuestra cultura secularizada soñamos con una escalinata que, apoyada firmemente en la tierra, pueda tocar el cielo. Soñamos con reconocer la voz de un Dios escondido en el laberinto de nuestras búsquedas: Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. Desearíamos poder hacer nuestras las palabras de Jacob: Si Dios está conmigo y me guarda en el camino que estoy haciendo ... entonces el Señor será mi Dios. Soñamos, en definitiva, con unir lo que nuestra cultura parece haber separado: el mundo de Dios y el mundo del hombre.

Este sueño ya se ha cumplido en Jesús. En su persona, Dios ha descendido por esa interminable escalinata que une el cielo con la tierra. Jesús es alguien que se deja tocar (por una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años) y que toca (a una niña que acababa de morir). Tocar a Jesús (aunque sólo sea un borde de su misterio) y dejarse tocar por él es el camino para participar del sueño de Dios.

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