Comentario al Evangelio del

Luis Manuel Suarez, cmf

Queridos amigos y amigas:

A veces, la vida es como una suave travesía por un lago tranquilo. Y otras veces, la existencia se parece a un penoso transcurrir por un mar agitado.

El evangelio de hoy me recuerda unas palabras de la última audiencia del Papa emérico Benedicto XVI, allá por el 27 de febrero cuando, recordando sus ocho años de pontificado, decía:

“El Señor nos ha regalado muchos días de sol y de brisa ligera, días en los que la pesca ha sido abundante; ha habido también momentos en los que las aguas se agitaban y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y parecía que el Señor durmiera. Pero siempre he sabido que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino suya. El Señor no permite que se hunda. Es Él quien la guía, a través de los hombres que ha elegido, porque así lo ha querido”.

Algo así experimentaron los apóstoles, a lo largo de su vida. Percibir un peligro, invocar al Señor, confiar… y seguir el viaje.

Hoy podemos aprender de este pasaje y del testimonio de tantos hombres y mujeres a confiar. A poner nuestra vida en las manos de Dios. A sabernos en esas manos que protegen, y a la vez envían, para hacer lo que esté de nuestra mano. Pero sabiendo que al final no es nuestra la empresa, sino suya

Señor, en tus manos estoy.
En las tormentas de mi vida, dame la confianza.
En los temblores de nuestro mundo, haznos instrumentos de tu confianza.
Que así sea.

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez, cmf (luismanuel@claretianos.es)

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