Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      Hay un tema recurrente en muchas películas. Narran las peripecias que tiene que seguir el protagonistas, sus luchas y sufrimientos, hasta conseguir que la justicia reivindique los derechos violados, propios o de otros. La cuestión es que por el medio de la trama siempre hay un momento en el que el protagonista sufre las consecuencias de su actitud –ponerse a luchar en favor de sus derechos violados o los derechos de los otros– en carne propia. Es el momento de las amenazas, de las consecuencias para la vida familiar. Es el momento de la pasión, de la dificultad, del no ver resultados. Luego llega el final de la trama que en las películas suele ser bueno. La justicia triunfa.
      La vida suele ser más complicada. Algunos han llegado a ese final en que la justicia sale triunfante. Otros han caído en el camino. Unos, desanimados por el intento de luchar contra gigantes. Otros, directamente asesinados por los que tienen las llaves del poder.
      En el Evangelio Jesús dice que tenemos que buscar “el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura” y que no se puede servir al mismo tiempo “a Dios y al dinero.” Es cierto. En la vida tenemos que elegir de qué lado nos ponemos.
      La cuestión es que en realidad hay tres posiciones posibles. La de los malos. Son los que se aprovechan de los demás, los que manipulan y abusan buscando su propio y egoísta interés. También está la de los que se oponen a estos. Son los que luchan por la justicia y se dejan, demasiadas veces, la piel en el intento. La suya es una posición difícil, complicada. Lleva consigo dolor y sufrimiento. Pero a ellos se les dará todo lo demás. Y siempre sentirán esa felicidad profunda de saber que hacen lo que tienen que hacer.
      Lo malo es que la mayoría estamos en la tercera. La de los que miramos desde la barrera, desde el graderío lo que hacen los otros. A veces, hasta nos solidarizamos con los que luchan por la justicia. Pero no movemos un dedo. Sin darnos cuenta de que esta posición es cómplice con la primera. En la práctica hemos preferido la comodidad y dejar hacer. Esta actitud tiene muy poco que ver eso de “buscar el reino de Dios y su justicia.”

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