Comentario al Evangelio del

Fernando Gonzalez

Queridos amigos:

¿Por qué no repetir la indicación de la devoción popular en esta fiesta: "He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres"? Pero hemos de quedarnos aquí, sin pasar a palabras de dudosa teología. Pasemos, más bien, a la palabras de Jesús: "Venid a mí todos los que estáis agobiados, porque soy manso y humilde de corazón". Esta invitación viene precedida de una acción de gracias y de una revelación. El Padre ha revelado a los sencillos el misterio: el Abbá y el Hijo se aman, y quieren que nosotros entremos también en esa comunión, podemos tocar el misterio. Como María, escuchamos y guardamos en nuestro corazón las palabras salidas del corazón de Cristo: "Amaos como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos". Nos amó y se entregó a sí mismo hasta la muerte. Igual que nos anima: "Soy manso y humilde de corazón", nos dice: soy el pan que da vida, yo soy la luz, yo soy el buen pastor, yo soy el camino, yo soy la resurrección y la vida.

Jesús nos transparenta al Padre bueno y providente, con entrañas de madre, que se ocupa hasta de los pájaros y de los lirios. Este es el corazón de Jesucristo.

Sin embargo, "esto" del Corazón de Jesús lleva años en crisis. Curioso, ahora que están en boga las revistas y tertulias "del corazón". Es cierto que esta crisis se ha nutrido de mucha sensiblería meliflua -"dulcísimo corazón"- y de no escasa teología negativa, fundada en la reparación y la expiación. Los mayores aún recordamos el "deténte". Una espiritualidad intimista no pega ya.

Felizmente, las cosas van cambiando. El Corazón de Jesús es, más bien, el corazón del crucificado, el corazón traspasado en la cruz. Ya no se trata de reparar sino al Dios ofendido en sus hijos más desvalidos. "Suplir en nosotros lo que falta a la pasión de Cristo, a favor de su cuerpo (2Cor 1,24). Su yugo es suave, y nada tiene que ver con los fardos de los fariseos, antiguos y actuales. Exigente, sí, pero con la exigencia del amor. Es corazón manso y humilde. Se hizo de los nuestros. "Amó con corazón de hombre" (G.et S.). En definitiva, queremos sentir a Jesús igual que lo representa a iconografía, con los brazos abiertos. Corazón en el que caben todos en pie de igualdad. Es lo que nos evoca la palabra corazón.

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