Comentario al Evangelio del

Fernando González

Queridos hermanos:

Hoy comenzamos la lectura del libro de Tobías. Se trata de una obrita escrita a finales del siglo III antes de Cristo; primero en hebreo o arameo y después en griego. Su propósito parece claro: ofrecer un modelo de identidad a los judíos que vivían en la diáspora durante la época helenística. Este modelo acentúa el amor a la ley y al Dios protector, la necesidad de una familia unida, el recuerdo de Jerusalén como centro de unidad de todos los judíos.

El libro de Tobías es la historia de una familia. Sus protagonistas son el anciano Tobit, su hijo Tobías, la joven Sara y el ángel Rafael. El libro está dividido en tres partes. La primera presenta a los personajes y sus situaciones especiales: la ceguera de Tobit y la maldición que pesa sobre Sara. La segunda describe el viaje de Tobías, acompañado por Rafael, y la boda de Tobías con Sara. La tercera parte narra el regreso, el reencuentro y la curación de Tobit.

A lo largo de los próximos días nos iremos acercando a esta historia sapiencial. Pero es bueno que desde el principio descubramos las tres claves teológicas más importantes: el valor de la familia y del matrimonio, la providencia de Dios expresada en sus ángeles y la ética de las buenas obras.

En el texto de hoy se describe una de las obras de misericordia practicada por Tobías con riesgo de su vida: enterrar los cadáveres abandonados de sus hermanos judíos. No es fácil entender esta acción en nuestra sociedad occidental. Nuestros conceptos acerca del cuerpo y de la muerte distan mucho de los conceptos del judaísmo. Sin embargo, hay un valor de fondo que sigue vivo: somos los guardianes de nuestros hermanos. Enterrar un cuerpo es "hacerse cargo" de alguien, no dejarlo expuesto a los perros y a las aves rapaces.

La parábola del evangelio de Marcos es la respuesta de Jesús a las preguntas insidiosas de los "sumos sacerdotes, letrados y senadores". En lenguaje cifrado, Jesús habla de su origen (el "hijo querido") y de su final ("lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña"). Y también de las actitudes de quienes lo conocen. Me gusta la frase redaccional de Marcos: "Veían que la parábola iba por ellos". ¿En qué sentido la parábola va hoy por mí, por ti?

Hoy también celebramos la memoria de los mártires de Uganda, Carlos Luanga y sus 21 compañeros, mandados asesinar por el Muanga. Su testimonio de fortaleza en la adversidad, de perdón y reconciliación resuenan en nuestros días, y nos hacen poner nuestra mirada de Africa -en palabras de Pablo VI- "bañada por la sangre de estos mártires, los primeros de la nueva era, resurge libre y dueña de si misma". Su sacrificio nos remite al sacrificio del Hijo de la parábola del Evangelio de hoy. Su martirio es la victoria de fidelidad extrena frente a la violencia y la sinrazón, y esto siempre desde el amor y el perdón, nunca desde el odio y la rabia.

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