Comentario al Evangelio del

J.A.C.

La primera lectura es una súplica a Yahve para que manifieste su gloria con todo su esplendor en el deseo de que todos los pueblos le reconozcan como único Dios verdadero. Pero Dios no ha optado por ese camino para revelarse a los pueblos, sino el camino de su misericordia y amor manifestado en Jesucristo. Dios no se nos impone, sino que se ofrece a quien le busca con corazón sencillo y humilde.

En el evangelio Santiago y Juan se acercan a Jesús pretendiendo el puesto de honor de honor de sentarse uno a si derecha y otro a su izquierda en su reino. La respuesta de Jesús es una pregunta: “¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?...” Para subir hay que bajar… para ser el primero hay que ponerse el último. El camino de la Gloria es la Cruz. El camino del poder es el servicio, la entrega de la vida.

Nos cuesta tanto sustraernos a este deseo, el deseo de destacar, de ser reconocidos, de poder que alojan nuestros corazones. Quizá en la Iglesia debiéramos aprender también el lenguaje de los últimos. Los signos son importantes porque significan, son lenguaje y no podemos predicar servicio haciéndonos servir, no tenemos mas que mirar nuestra liturgia, cuántas adherencias arrastradas a través de los siglos, que no manifiestan sino todo lo contrario a la vocación de un pueblo convocado para servir a la causa del Reino de Dios que es la causa de los humildes y sencillos, la causa de los pobres, de los que no son nada en nuestro mundo.

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