Comentario al Evangelio del

Fernando Gonzalez

Queridos amigos y amigas:

Es curioso el mensaje de la Palabra de este viernes. El libro del Eclesiástico nos regala un minitratado sobre la amistad. Y en el evangelio de Marcos, Jesús nos ilumina el plan de Dios sobre el matrimonio. Amistad y matrimonio son dos realidades humanas de tal hondura que en ellas nos jugamos gran parte de nuestra felicidad.

Empecemos por la amistad. Nuestro viejo escriba Ben Sira, compañero de camino a lo largo de esta semana, nos ayuda a meditar sobre esta realidad que tiene mucho de regalo sorprendente: Los que temen al Señor lo encontrarán. Primero nos advierte de los sucedáneos de la amistad: los amigos de conveniencia que no duran en tiempo de peligro; los que se tornan enemigos y te afrentan descubriendo tus riñas; los que te acompañan en la mesa y no aparecen a la hora de la desgracia; los que se unen a ti cuando todo va bien, pero cuando te va mal, huyen de ti. Esto es real como la vida misma. Quizá nosotros hemos vivido alguna de estas experiencias desde las dos orillas: hemos podido probar el abandono de algunos y tal vez hemos abandonado a otros. La Palabra nos ayuda a “caer en la cuenta” y a pedir perdón por haber jugado con un don como la amistad.

Miremos ahora lo positivo: Un amigo fiel no tiene precio. Por eso, el que lo encuentra, encuentra un tesoro. Para empezar, si estás ahora de buen humor, puedes comenzar sometiéndote a un test de la amistad. ¿Qué tal? ¿Cómo te ha ido? Bromas aparte, haz memoria de los amigos y amigas que Dios te ha regalado a lo largo de tu vida y dale gracias por este don. No olvides que Jesús mismo nos ha incluido en la categoría de sus amigos: Ya no os llamo siervos sino amigos.

¿Qué decir del matrimonio con la que está cayendo? Los célibes tenemos que ser muy discretos. Fácilmente idealizamos o distorsionamos una realidad que contemplamos con respeto y cariño, pero un poco a distancia. También Jesús responde así. En el evangelio de hoy le hacen una especie de encerrona periodística. En términos actuales podríamos reconstruirla así: “¿Qué te parece que un hombre y una mujer vivan juntos sin casarte? ¿No crees que el amor tiene más importancia que los papeles? ¿Qué opinas del matrimonio entre personas homosexuales? ¿Y de las personas que deciden tener o adoptar hijos sin casarse? ¿Por qué seguir juntos cuando el amor languidece? ¿No crees que es preferible empezar una nueva relación?”.

Imagino a Jesús rodeado de micrófonos y de cámaras de televisión. Después de prestar atención a todas las preguntas, podría responder así: “¿Qué es lo que habéis legislado en vuestras sociedades?”. Los periodistas se aprestan a hacerle un resumen del estado de la cuestión. Y Jesús, sin perder los papeles, podría continuar: “Comprendo que a veces no hay más remedio que salir al paso de situaciones problemáticas con medidas como las que acabáis de presentarme, pero “al principio” (es decir en el sueño de Dios) el hombre y la mujer están llamados a reflejar un misterio de unidad y de entrega. Todo matrimonio es un destello de Dios en la debilidad de la condición humana”.

Los discípulos no están para muchos ideales. Quieren conocer la letra pequeña; por eso, cuando llegan a casa, volvieron a preguntarle sobre lo mismo. La sociedad actual es enormemente compleja. Las situaciones humanas deben ser siempre contempladas desde la compasión. ¿Cómo hacer esto cuando nos limitamos a gestionarlas sin más, cuando no nos ayudamos unos a otros a superar las dificultades con la energía que nos ofrece el “sueño de Dios”?

Vuestro hermano en la fe,

Fernando

Comentarios
Ver 13 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.