Comentario al Evangelio del

Fernando González

No se si habéis participado en alguna manifestación alguna vez. Ciertamente en los últimos años, aquí, donde vivo, han habido muchas oportunidades para hacerlo, por muy diversos motivos. En todas ellas aunque hay un motivo principal que une a la gente, la diversidad de personas, motivaciones, modos de participación muchas veces es desconcertante. A veces dicha diversidad nos parece que contamina la altura moral de los objetivos que han llevado a las personas a la movilización.

Os cuento esto porque me parece que este es el asunto que se plantea en el evangelio de hoy. Los discípulos de Jesús quieren impedir que un tipo anónimo eche demonios “en nombre del Maestro” por la sencilla razón de que no es de los nuestros, porque no tiene el carné del partido, porque no cumple los requisitos, porque no ha hecho la carrera oficial en la escuela del discipulado.

¿Cómo afronta Jesús la situación? Uno imagina que alguien que predica un mensaje tan radical como el suyo tiene que tomar también medidas radicales, como a veces las toman ciertos líderes de movimientos religiosos que son más papistas que el papa. ¡Pues no! La respuesta de Jesús (¡una vez más!) nos desconcierta y hasta nos escandaliza: No se lo impidáis ... El que no está contra nosotros, está a favor nuestro. Pasa por encima de lo secundario y va a lo esencial: “Vamos a ver, lo que hace este tipo, ¿sirve para ayudar a la gente? ¡Pues adelante!”. No es que dé igual cualquier medio, pero nunca hay que perder de vista la centralidad de los fines. Es más fácil encontrarse en lo esencial que en lo secundario. La letra pequeña nos mata ... con apariencia de fidelidad a la causa. ¡Qué pena!

Vuestro hermano en la fe,
Fernando

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