Comentario al Evangelio del

Pablo Largo, cmf

Queridos amigos:

Engrosamos la lista de dones. Hoy viene el de la gloria. Nada menos. Y hallamos así otra confirmación de que Jesús no retuvo nada de lo que había recibido. Lo repartió, y a manos llenas. Por eso dirá en otro lugar que los discípulos harán obras mayores que él.

Todo esto puede parecer literatura, retórica pía que estamos acostumbrados a formular, porque es lo "eclesiásticamente correcto", lo "bíblicamente correcto". ¡No le vamos a enmendar la plana a Juan! Pero estos discursos bonitos van por un lado, y la vida concreta y real va por otro. Y en esta vida hay miserias a punta pala y miseriejas a manta de Dios. Tal es el reparo que se nos habrá ocurrido más de una vez. Y quizá estemos inmunizados contra cualquier respuesta a ese reparo, porque nos tememos que no pasa de ser una estrategia más de un discurso autosafisfecho, que acabaría declarando: si la vida va por otro lado, peor para la vida.

No todo el monte es orégano. Pero dígame Vd. (¡ah!, ya apareció un "usted" distante) si no se deja tocar por la lectura de la vida de un buen puñado de santos con cuya historia ha cobrado cierta familiaridad. Dígame si no le ha conmovido la obra que la gracia de Dios ha ido haciendo primorosamente en ese hermano o esa hermana de anteayer, de ayer o quizá de hoy mismo. Dígame si no ha percibido en ellos una rendida docilidad a la verdad, un agudo sentido de la justicia, una entrega radical a los últimos, una amplia capacidad de acogida, una perseverante dedicación a las buenas causas, una constancia en la fe y la esperanza contra viento y marea, un envidiable aguante frente a ataques de todo género (el P. Claret consignó un año antes de morir, el 12 de septiembre de 1869: "a las once y media del día, el Señor me ha concedido el amor a los enemigos"), un anhelo misterioso de pureza y santidad, un reconocimiento sincero del propio pecado y una apertura al amor de Dios que sana y reconcilia. Dígame si la vida de estas mujeres y hombres ha sido humo, humo, humo (como -si no recuerdo mal- la del protagonista de la novela de Turguiéniev). Pues eso, algo de eso, debe de ser la gloria que el Crucificado-Resucitado da a los suyos. En ellos reverbera la gloria del Glorificado. ¡Qué larga es la distancia, y qué gozosa, entre la gloria y el humo!

Vuestro amigo.
Pablo Largo, cmf

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