Comentario al Evangelio del

Carlos M.

Queridos amigos:

Ya lo dice la sevillana: "algo se muere en el alma, cuando un amigo se va". No le resulta sencillo a Jesús conseguir que los discípulos superen la tristeza después de haberles anunciado su marcha. No se diferenciaba mucho de nosotros, a quienes tanto nos cuesta superar los momentos difíciles. Pareciera que los esculpimos en granito, cuando lo que debiéramos sellar sobre piedra son los momentos de alegría y plenitud, reservando para la orilla de la playa aquellos momentos peores. Con la segunda ola todo quedará borrado. Cada vez que observo por la televisión el rostro de un palestino o un israelí tocado por la muerte o la destrucción adivino en sus ojos que acaban de esculpir en la roca de su corazón un odio eterno al enemigo. Nada más elocuente que ver a un niño sin alegría, sin sonrisa, sin vida en los ojos, lanzando una piedra contra un tanque.

Una característica de la vida del creyente debería ser la alegría. Incluso cuando muerte y vida, tristeza y gozo, salud y dolor formen todavía parte de la humanidad. Es una alegría profunda, no superficial, que pasa a veces por el crisol del dolor y la renuncia, pero que es fecunda en vida. Es la alegría del grano de trigo que muere para dar fruto. Es la alegría de la madre ante la nueva vida que ha brotado de ella. No encontraremos persona más alegre que un cristiano que vive a tope su vocación de entrega a los demás. Así la debió vivir san Juan de Ávila. Un estupendo ejemplo para todos los ministros ordenados. Unir a la santidad de vida del patrono del clero español y a su celo apostólico, la alegría de testimoniar a un Jesús vivo y resucitado que camina a nuestro lado. Un buen momento para todos de cara a revisar cómo estamos de alegría cada uno de nosotros y nuestras comunidades en este tiempo, transido del gozo pascual.

Desde la óptica de la Pascua, la seguridad de sabernos invitados a la fiesta infinita del amor tendría que ser suficiente motivo para superar la tristeza y el dolor de todo aquello que no es definitivo. Si creemos de verdad que nuestra tristeza se convertirá en alegría, comencemos a esculpirla a través de la entrega a los demás. El servicio al hermano será la verdadera alegría de nuestro corazón. No sólo eso. También la garantía definitiva del cumplimiento de las palabras de Jesús: "se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará la alegría".

Vuestro amigo.
Carlos M.

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