Comentario al Evangelio del

Carlos M.

Queridos amigos:

Mira en tu interior. Quizá hoy te pueda la tristeza por algún problema a tu alrededor, por el pesimismo que trasmiten los medios de comunicación, por alguna situación personal difícil, por la tensión con alguna persona. Quizá hoy te invade la alegría. No digo la euforia, sino la serena alegría de quien se ha levantado centrado, reconciliado consigo mismo y con los demás y mira la vida en ese tono positivo y creativo. Quizá no podamos separar ambas experiencias. La vida es así. Sonrisas y lágrimas. Ilusiones y decepciones. Ayer Pablo salía deprimido y consternado por haber predicado en el "desierto" de Atenas. Hoy llega entusiasta a Corinto a poner las bases de la que será una de la comunidades más florecientes de la primera Iglesia. Los judíos le rechazan, a excepción de Crispo. Unos cuantos paganos se van convirtiendo y constituirán el núcleo de la comunidad. Pero la consolidación no es repentina. Pablo permanece un tiempo prolongado para acompañar y consolidar la comunidad. Buena clave para no querer ver en nuestras tareas éxitos inmediatos, objetivos cumplidos en tiempo récord. Entre la siembra y la cosecha puede pasar mucho tiempo. Es bueno recordarlo hoy que tantas familias religiosas se encuentran en "alarma vocacional", en angustia de futuro. Aunque la recogida sea tarde, no por eso la siembra fue inútil. Es cierto que hay en la vida momentos bajos. No más cierto que muchas veces son preludio de momentos de gozo.

Algo así les pasaba a los discípulos. Las palabras enigmáticas de Jesús les deja desorientados, con cierto tono de tristeza: "Lloraréis y os lamentaréis". Y parece además, que Jesús se recrea en acertijos y trabalenguas: "dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver". Si supiéramos que dentro de "otro poco" se acabará el túnel por el que nos parece atravesar, nos consolaríamos. Pero no tenemos seguridades a corto plazo. Solo la fe nos asegura que la ausencia de Jesús es presencia. Si Él está presente, la tristeza no tiene la última palabra. Mira a tu alrededor. Hay razones para alegría.

Vuestro amigo.
Carlos M.

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