Comentario al Evangelio del

Carlos M.

Queridos amigos:

Cada vez que me detengo ante el pasaje de Pablo en Atenas me viene a la mente el "vuelva usted mañana" de Larra. O lo que es lo mismo "de esto te oiremos hablar en otra ocasión". Hablar de Jesús resucitado ayer fue tarea ardua. Hablar de un Espíritu vivo hoy sigue siendo tremendamente difícil. Sobre todo en un mundo a veces tan vacío de espíritu y sobrado de materia. En un mundo tan increyente en lo divino y tan idólatra en lo humano. La Atenas de ayer y el mundo de hoy se parecen más de lo que creemos. El orgullo por el progreso y la cultura conquistada embotan mentes y ciegan corazones. La verdad sobre Dios o el acontecimiento de la resurrección suenan a broma o a curiosidades para mejor ocasión. Mas el evangelizador no ceja en su empeño. Si unos cauces no dan resultado, busca otros. Pero nunca se resigna a callar. Quizá la clave no sea intentar convertir a las elites de la Cultura (en singular), como durante tanto tiempo se ha pretendido; tampoco uniformar a todos sin distinguir. Quizá haya que sumergirse en las culturas (en plural), en ese suelo de verdades compartidas por un grupo humano. Evangelizar la cultura e inculturar el evangelio.

Pablo se adaptaba a las circunstancias que iba encontrando. A veces predicaba en la sinagoga, otras veces junto al río, o en la cárcel o en la plaza de Atenas. En esta ocasión fue "griego con los griegos". ¿Dónde nos toca evangelizar a nosotros? Puede que nuestras "ágoras" sean diferentes. Lo importante es anunciar a Cristo dejando que entre en nuestra vida. No sea que como Lope de Vega terminemos por responder: mañana le abriremos para lo mismo responder mañana. No lo dejemos para más tarde. Abramos hoy la puerta al Espíritu. A un Espíritu que, además de defensor y abogado, es maestro. Porque Él nos guiará hasta la verdad plena.

Vuestro amigo.
Carlos M.

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