Comentario al Evangelio del

Carlos M.

Queridos amigos:

Muchas veces nos cuesta entender ciertos acontecimientos hasta que cambiamos la óptica, el punto de vista, las categorías desde las que los afrontamos. Después de que el tiempo y la vida nos concede nuestra particular "jornada de reflexión" miramos los hechos de otro modo. Creo que esa experiencia se verifica con la ausencia de Jesús. "Os conviene que yo me vaya". A nosotros nos encantaría poder ver a Jesús, experimentar claramente su presencia en medio de nosotros. Como les hubiera gustado a sus discípulos no haber oído nada de su marcha o su Ascensión. Porque en el fondo a todos nos gustan, en cierto modo, las "seguridades" , la doctrina clara, las comprobaciones visibles a corto plazo. Y sin embargo, hemos de afirmar algo paradójico: Jesús en su Ascensión no abandona a los suyos, no abandona a la Iglesia. Es un cambio de presencia. Jesús se va, pero promete la presencia del Espíritu. El Paráclito actúa como defensor, como animador, como maestro, como fundamento de la unidad eclesial y de la diversidad carismática, como protagonista de los sacramentos. La presencia del Resucitado continúa en la comunidad, en la Palabra, en el ministro, en los hermanos más débiles, en un trozo de pan y un poco de vino que se convierten para nosotros en Cuerpo y Sangre del Señor. Comulgar la eucaristía es hacer presente al Resucitado en ti para hacerle presente entre los demás. La etapa de Jesús está cumplida. Llega la era del Paráclito. La hora del Espíritu. No olvides poner en hora el reloj de tu vida.

Vuestro amigo.
Carlos M

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