Comentario al Evangelio del

Patricio García

Queridos amigos:

Hay palabras que pueden habitarse como se habita una ciudad. ¡Ah, pero no las puede pronunciar cualquiera! Dicha "Granada" por Federico García Lorca, es como sumergirse en la ciudad. Del mismo modo acontece cuando habla Jesús. No puede pronunciar una palabra sin revelar un mundo: el mundo de Dios. Un día se le ocurrió hablar de sí mismo como de un Pastor y las gentes se abismaron en su alma. Se apercibe enseguida de que este Pastor no es como los demás. Que conoce perfectamente a sus ovejas. Que es alguien que conoce a los hombres, que sabe de ellos en general y en particular. Que cuando se dirige a alguien sus palabras alcanzan la intimidad y el corazón de la persona. Y conoce perfectamente, no para humillar, ni para condenar, ni para aniquilar, sino para elevar, para recrear, para salvar. Dio la vida por nosotros. Se insertó en las entrañas mismas -miserables- de la existencia humana, excepto en el pecado, para hacerlas estallar de gloria.

Un ser que vive y que vive plenamente y abundantemente es un ser a quien todos quisiéramos tener a nuestro lado, pues un ser así contagia vida. Pues bien, el Señor glorioso no es solo un ser que está a nuestro lado sino que vive en nuestro interior.
En este día sólo queremos que nos hable, que nos diga algunas palabras al corazón.

Una persona, una sociedad debería tener a gala saber escuchar a los hombres mejores. Su pecado mayor será cerrar los oídos a ellos. No hay tal silencio de Dios, sino que no hay hombres que le escuchen.

Vuestro amigo.

Patricio García

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