Comentario al Evangelio del

Carlos Martínez

Queridos amigos: Paz.

Dios libera a los apóstoles de la cárcel, no para que se queden sentados, sino para que den testimonio. Y hoy les toca darlo en el templo. No será fácil, pero el Espíritu se manifiesta a través de estos testigos de la resurrección: él los llena de su impulso y su valor; él pone en su boca las palabras oportunas; él preserva sus vidas en medio de la persecución; y él las resucita, como la de Cristo, cuando el testimonio se rubrique con la muerte.

La segunda etapa de la vida de la primera comunidad cristiana en Jerusalén está marcada por la persecución. También la vida de Jesús estuvo marcada desde el comienzo de su misión por la persecución. Rahner hablaba de la situación de diáspora perseguida inherente al cristianismo. Tal vez se trate de un sello perenne de la misión cristiana. Si nuestro testimonio resulta demasiado acomodaticio habremos de preguntarnos a quién estamos obedeciendo de verdad. Quien se ha encontrado con el resucitado pondrá siempre a Dios antes que a los hombres. El evangelio de Juan lo dice de ese modo tan característico lleno de contrastes y metáforas, de dualismos de vida y muerte, de luz y tinieblas: "Quien cree en el Hijo posee la vida eterna; quien no cree en el Hijo no verá la vida". ¿Por qué tantas actitudes en contra de la vida eterna si es el máximo anhelo de toda persona? ¿Por qué no trabajar como personas, comunidades y países para destruir tanta "civilización" de muerte"? Gracias a Mons. Duarte y a tantos otros que han hecho de su fe una entrega total, incluso hasta el martirio, la Iglesia continúa evidenciando la primacía de la obediencia Dios que hace hombres libres, frente a la sumisión a los criterios humanos que convierte a los hombres en esclavos.

Vuestro amigo.

Carlos

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