Comentario al Evangelio del

Carlos Martínez

Queridos amigos: Paz.

La fe mueve montañas. Y el amor supera todos los obstáculos. Hasta los barrotes de una cárcel. Los apóstoles se han dejado seducir por el amor de Dios en Cristo resucitado y ya no hay nada ni nadie que los pare.

Para el cristiano invadido de resurrección no hay barrotes que impidan escapar al amor y repartirse entre los demás, incluso dentro de la misma cárcel. Con certeza será el ejemplo de muchos cristianos perseguidos e incluso encarcelados en distintas latitudes del planeta.

Pensando en ellos me viene a la mente esa frase a propósito de los problemas para creer: "Para el que ama, mil objeciones no llegan a formar una duda. Para el que no ama, mil pruebas no llegan a constituir una evidencia". Creo que lleva dentro mucha verdad. A quien ama no le importa el grosor de los barrotes que le pongan delante. Y es que en cuestiones de amor desmedido tenemos un buen modelo: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único" . En esa frase se condensa toda la obra salvífica de Dios. Y tras ella se encuentra un único objetivo: "que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna". Si el sentirnos mirados con amor por otro nos alegra, nos abre, nos esponja, nos hace felices, ¿qué podremos decir si ese otro es Dios? A mí hoy se me ocurre cantar con el poeta: "Evangelio es romper cadenas / es abrir sepulcros./ No le busquéis muerto que está entre los vivos."

Vuestro amigo.

Carlos

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