Comentario al Evangelio del

Luis Manuel Suárez

Queridos amigos y amigas:

“Fortaleza”, “alcázar”, “peña”, “refugio”, “escudo”, “baluarte”... ¿Estamos en guerra?

Pues no y sí a la vez. Porque aunque algunos se hayan inventado “guerras preventivas”, nadie nos ha atacado últimamente en nuestras latitudes –si bien sigue habiendo, desgraciadamente, demasiadas guerras en el mundo. Pero en la vida hubo, hay y habrá luchas y conflictos de otro tipo.

Que se lo digan a Jesús, que hoy en el evangelio llega al culmen de su polémica con los judíos. ¡Quieren apedrearle! Razón: con sus palabras y con sus obras ha mostrado un Dios diferente y un proyecto de humanidad alternativo en el que los niños, las mujeres, los extranjeros y otros excluidos del momento pueden estar más cerca del Reino que los que se consideraban “buenos religiosos”.

El Evangelio es mensaje de Salvación. Pero no es ajeno al conflicto. ¿Cómo lo vivió Jesús? La primera lectura nos ofrece algo así como una “radiografía” de sus sentimientos en boca de Jeremías: “el Señor está conmigo”, “mis enemigos no podrán conmigo”, “a ti encomendé mi causa”.

Esa es la promesa y el reto: que la confianza sea mayor que el temor. Porque es normal sentir miedo (“Señor, que pase de mí este cáliz...”), pero, en esas situaciones, siempre es posible confiar (“...pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”).
En los trances y encrucijadas de la vida podemos unirnos al Jesús del viernes de dolores para decir, junto al salmista: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza. Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador”. Y que sea lo que Dios quiera.

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez, claretiano

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