Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf

Jesús reclama su procedencia. Él procede de un mundo diferente al de los que no aceptan sus palabras. Lo suyo viene de Dios, de lo alto. Se lo dice en el templo gritando, porque parece que no quieren oír. Lo dice abiertamente, sabiendo que su destino y su suerte está ya echada. Lo vamos a vivir en la próxima Semana Santa.  Él ha dejado clara su carta de presentación.

No hace nada malo. Tan solo les habla de un Reino, de un mundo nuevo, diferente, en el que el ser varón o mujer, judío, fariseo, samaritano… no es algo que haga a nadie más o menos digno ante Dios. Les habla de un Dios que es amor y que ama y perdona siempre, hasta el punto de perdonar incluso a aquellos que se saltan las normas establecidas por la religión. Les habla de que aquellos signos que están viendo ha de hacerles comprender que se está fraguando un tiempo nuevo ya ahora; y que Dios está con él.

Sus palabras suenan provocadoras porque, en definitiva, exigen posicionarse ante ellas. O seguir como hasta ahora o cambiar. Jesús, que es imagen visible del Dios invisible, nos invita siempre a posicionarnos ante él. Su vida y su mensaje contrastan la nuestra. Ante él, que es bandera discutida, no caben mediocridades. Seguirle o no seguirle. Aceptarlo o acabar con él, acallarlo para siempre.

Hay muchas maneras de acallar a Jesús. Teorizarlo, llenar nuestra vida personal o nuestra institución de normas secundarias, so capa de cumplir las fundamentales,…

Jesús nos invita a vivir en verdad; a posicionarnos ante él con honestidad. Nos invita a escuchar con apertura su propuesta y a dejarnos seducir por ella. No valen las meras teorías. Es necesario poner en práctica la propuesta. El Señor no defrauda. Una nube de testigos que se entregaron a Él nos precede. Esa es su mejor carta de presentación.

Con afecto,
Fernando Prado, cmf.

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