Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf

Las obras dan razón y testimonio. Ya lo dice el refrán popular: “obras son amores, y no buenas razones”.  Las obras son como la prueba del nueve de aquello que se cree. Una fe que no pone en práctica aquello que predica… ¿qué tipo de fe es?

Jesús les pide a aquellos que le estaban escuchando que, aunque no crean en él, al menos, acepten el testimonio de sus obras. Las obras, muchas veces, nos hablan de la presencia actuante del Espíritu y del Reino.
 
Es necesario aprender a leer esos signos del Reino y aceptar la voz de sus mensajeros. Hay muchos signos de esa presencia del Reino y muchas voces que hablan de Dios en el mundo de hoy. Y lo demuestran con sus obras. Aquellos que trabajan por crear un mundo mejor, sin duda, a veces nos preceden a los que quizá hablamos mucho y hacemos poco.

Tengo grabada a fuego una expresión de una joven que decidió abandonar un grupo apostólico hace unos años. Así se lo comunicaba al resto de los componentes. Me marcho de este grupo porque, a pesar de que nos llamamos cristianos, en este grupo, en verdad “hablamos mucho, decimos poco y hacemos menos”. Una crítica brutal que, sin duda, sacudió a los demás. Y no era una excusa para dejar el grupo. Hoy, aquella joven es una monja contemplativa que lleva más de veinte años en su convento.

No dejemos que nuestra fe se teorice demasiado y se convierta, sin más, en un tema de debate. Alejémonos en todo caso de convertirnos en “teóricos del sistema”, capaces de hacer los más sublimes análisis y poner las más bellas palabras. Dejemos que sean las obras, por humildes y pequeñas que sean, las que den testimonio de nuestra fe. Sin hacer demasiado ruido. Tampoco es necesario.

Con afecto,
Fernando Prado, cmf.

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