Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf

Creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Porque, en definitiva, es cuestión de confianza y de caminar. La fe tiene que ver con esa confianza que muchas veces nos lleva a poner en manos de Dios aquello que, después de haberlo puesto en las nuestras y no encontrar remedio, nadie sino Él puede poner en su sitio.

Así le sucede al funcionario real. No encuentra solución a su hijo y, aunque parezca una osadía pedir el favor, pedir un signo o prodigio a aquél hombre que caminaba con tan gran aura por los caminos de Judea a Galilea, lo hace con la confianza de que la única solución posible ha de venir “de arriba”, de Él.

Somos muchos los “funcionarios reales” que ponemos nuestra vida muchas veces en manos de Dios; nuestros problemas, nuestras alegrías y nuestras penas, con confianza. Es propio de nuestro ser creyente. Es nuestra esperanza y nuestra fe. Porque el Señor llega donde nosotros, pobres y humildes siervos, no llegamos. Ahí, cuando vemos nuestras fuerzas vencidas, surge el verdadero creyente que reconoce que solo Dios puede. Dios, a quien otros desprecian, es para nosotros un pilar fundamental en nuestra vida. A él confiados nos sentimos más tranquilos, más protegidos y llenos de una paz que nada ni nadie nos pueden dar.

Mañana comienza el cónclave para elegir un nuevo Papa. No nos queda sino rezar, confiar en que el Señor, por su Espíritu, obrará nuevamente el milagro y el prodigio. Más pronto que tarde tendremos un nuevo Papa. Un hombre lleno de Dios que, por  el hecho de serlo, no puede sino ser un hombre lleno también de humanidad. Al Espíritu nos confiamos, sabiendo que Él nunca abandona a su Iglesia y siempre estará con nosotros, como nos prometió Jesús, hasta el fin de los tiempos.

En los momentos de luz y también en los momentos de oscuridad o tempestad, los creyentes confiamos en que el Señor está con nosotros en la barca. Hace pocos días nos lo recordaba el Papa emérito Benedicto XVI. Confiemos y caminemos. Creamos en su Palabra, caminemos y oremos con fe por este importante momento de la historia de la Iglesia y de la humanidad que tenemos la suerte de poder vivir.

Con afecto,
Fernando Prado, cmf.

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