Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf

Al escuchar este Evangelio, la historia nos provoca situamos afectivamente de parte del pobre pecador. La arrogancia que muestra el fariseo –cual malo de la película- provoca enseguida el rechazo de cualquiera. La escena nos propone dos formas claras y opuestas de posicionarse ante Dios y nos invita a contrastar la nuestra con la de ambos.

La liturgia de este día nos invita a que no demos por supuesto que, aunque nos guste más la postura del pecador, hayamos desterrado ya de nuestra vida la del fariseo. Simplemente nos invita a contrastar nuestra posición ante Dios con honestidad. A volver a preguntarnos una vez más sobre la pureza de nuestro corazón, de nuestra religiosidad, de nuestra fe.

Ante Dios no cabe la arrogancia. No cabe esperar a que se cuenten los méritos realizados. No cuentan los “puntos” obtenidos ni compararse con otros. Sí cabe, sin embargo, reconocer que no somos perfectos, que no podemos esperar de Él más que lo que Él nos dé y confiar en que lo que nos haya de dar es bueno. Ante Dios, cada uno es cada uno. No hace falta mirar a los demás para ver cómo son, qué hacen para agradar a Dios. Dios conoce el corazón de cada uno y es perdón inmerecido para quienes confían en él y en su compasión.

Si en este itinerario que nos propone la liturgia nos vamos haciendo más y más conscientes de nuestra actitud ante Dios, ante los demás, ante nosotros mismos, es señal de que estamos viviendo una buena Cuaresma.

Con afecto,
Fernando Prado, cmf

Comentarios
Ver 3 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.