Comentario al Evangelio del

Fernando Prado, cmf

Este Evangelio nos ofrece una gran síntesis de lo que es la vida cristiana. Es algo sencillo: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. Es sencillo de formular. El gran desafío de la vida cristiana es ir más allá de la formulación para llevarlo a la práctica y dejar que este doble aunque único principio se convierta en mi forma habitual de vivir.

No estamos ante una cuestión teórica. No se trata de “saber por saber” qué es lo principal. El maestro de la ley y Jesús están de acuerdo en la teoría. Por eso el maestro no está “lejos del reino”. Pero, para estar “cerca” hace falta algo más. No vale solo la teoría, como decimos. Se trata de llevar a la vida ese maravilloso principio.

Amar al prójimo como a uno mismo se hace difícil porque el amor que nos profesamos a nosotros mismos es ilimitado. Se trata de un amor permanente, inmenso, infinito… En el fondo… nadie nos ama más que nosotros mismos. Por eso el desafío es inmenso y cuesta llevarlo a la práctica.

Por otro lado, el amor al prójimo –a quien vemos- es como la prueba del nueve del amor a Dios –a quien no vemos-  que profesamos como primer mandamiento. 

La dificultad de esta sencilla fórmula, por tanto, está en la práctica. La Cuaresma nos invita a convertirnos y “acercarnos” más al Reino. Para estar no solo ya “no lejos”, sino “más cerca” del Reino hay que pasar la teoría por la prueba de la vida. No dejemos nunca de intentarlo.

Con afecto,
Fernando Prado, cmf.

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