Comentario al Evangelio del

Fernando González

Queridos amigos y amigas:

En el museo del holocausto que se encuentra en la zona oeste de Jerusalén hay una inscripción que reza así: “We forgive but we do not forget” (es decir: “Perdonamos, pero no olvidamos”). Quiero entender la sentencia en el mejor sentido: perdonamos a nuestros verdugos, pero no queremos olvidar sus acciones para que esta memoria impida que se repitan en el futuro. Hoy se habla mucho de “recuperar la memoria”, tanto en el plano personal como en el colectivo. Me merece mucho respeto este tratamiento terapéutico de la memoria. Pero, a menudo, no llega a su meta: se detiene en la peligrosa fase del resentimiento y de la venganza. Y esto explica una buena parte de nuestros sinsabores, de nuestras amarguras, de la agresividad con la que a menudo nos conducimos en la vida.

Lo que Jesús nos propone es ser como Dios, que perdona “olvidando”. Esta es una manera muy humana de hablar, pero anclada en la sabiduría de la Escritura. Perdonar significa creer en la capacidad que los seres humanos tenemos de empezar de nuevo. El perdón no es un simple armisticio para hacer tolerable la vida sino una nueva creación que nos aproxima al plan de Dios. Creo que nuestro gran desafío es llegar a entender que toda la existencia cristiana la vivimos en la dinámica del perdón, que es como decir la dinámica del comienzo permanente.

Vuestro hermano en la fe:
Fernando González

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