Comentario al Evangelio del

Enrique Martinez, cmf

VUESTRO PADRE SABE LO QUE NECESITÁIS


 

           No hay experiencia de fe si no hay oración. Del mismo modo que no hay una relación personal donde falta el encuentro, el diálogo, el intercambio. Y cuando uso la palabra oración aquí no me estoy refiriendo a ese modo de orar que son «los rezos». Me refiero a aquello que decía Sta Teresa de «tratar de amistad estando... con quien sabemos que nos ama». Dime cómo y cuánto oras y t diré cómo anda tu fe.

Si ayer la liturgia de la Iglesia, sabiamente, nos invitaba a revisar nuestras relaciones con los demás, en este segundo día de la primera semana de Cuaresma, nos invita a revisar nuestra relación con Dios.

        Jesús no fue propiamente un «maestro» de espiritualidad y oración. Poco habló de este tema para lo que era costumbre entre los rabinos. Aunque los suyos sí que le veían con mucha frecuencia retirarse a solas a orar. Y por eso quisieron que les hablara de esaexperiencia orante, de su relación íntima y personal con Dios. 

         No es éste el sitio para tratar un tema tan amplio como la oración de Jesús, y por lo tanto la oración cristiana. Pero sí, al hilo del Evangelio de hoy, podemos hacer algunos resaltados.

          - Primero no charlar mucho... porque vuestro Padre ya sabe... Creo que estas palabras suyas no estamos muy acostumbrados a tenerlas en cuenta. La oración que más fácilmente no sale es la de «hablar con Dios», como decía el antiguo catecismo. Le contamos a Dios lo que nos pasa, le pedimos lo que nos parece conveniente (incluso no pocas veces suena a «darle instrucciones» a Dios, lo cual es incompatible con nuestra condición de criaturas). Es bueno, necesario y tranquilizador saber que «nuestro Padre ya sabe» lo que nos pasa. Y por supuesto sabe mucho mejor que nosotros lo que nos hace falta y nos conviene. Me han gustado estas palabras de Raoul Follerau:

NO DEJES DE AMARNOS

¡Qué extraño trato con Dios...!

¡Señor, concédeme esto!

¡Señor, que consiga tal cosa!

¡Señor, cúrame!

Como si Dios no supiera, mejor que nosotros, lo que necesitamos.

¿Acaso el pequeño dice a su madre: “Prepárame tal papilla”?

¿O el enfermo al médico: “Recéteme tal medicina”?

¿Quién podrá decir si lo que nos falta

no es cosa peor que lo que tenemos?

Digamos, pues, tan sólo esta plegaria:

“Señor, no dejes nunca de amarnos...”  

 

         No es necesario tanto esfuerzo ni tanta energía malgastada en palabras para explicar, describir, concretar lo que necesitamos que Dios nos haga.... Es cierto que a nosotros nos ayuda «pensar las cosas con Dios», contar con Dios en las cosas que estamos viviendo: es una expresión de confianza, de cariño y de ternura, que nos puede hacer bien... pero como una pequeña parte de nuestra oración. Para pasar, por ejemplo, a preguntarnos (escuchar) lo que Dios puede querer decirnos en lo que estamos viviendo, sintiendo, deseando, sufriendo...

          Algunos dicen que para orar hay que dejar la mente en blanco, olvidar las preocupaciones, etc. Yo prefiero decir que es mejor coger todo eso y ponerlo ante Dios, intentar mirarlo con sus ojos, ordenarlo, serenarlo, discernirlo etc.

          También es bueno coger algunas palabras (mejor Palabra) y masticarla despacio, rumiarla, saborearla, empaparse de ella, como nos enseñaron los monjes. Pocas palabras: mejor «Palabra».

 

       - Segundo: profundizar en nuestra conciencia de «hijos». No es casualidad que la oración de Jesús empiece por «Padre nuestro». Toda la vida de Jesús era vivir de cara al Padre, buscar su voluntad y hacer presente su Reino (mi alimento es hacer la voluntad del Padre). Él encontraba las fuerzas que necesitaba para su difícil misión ahí, en la oración. Y como él  nos enseñó somos hijos queridos incondicionalmente por el Padre. Somos herederos de Dios. Estamos en sus manos y nos cuida más que a los lirios del campo. Nunca nos deja de su mano, aunque las noches de «viernes santo» pueda parecerlo. Nadie ni nada nos separará del amor de Dios, ni siquiera la muerte. Eso nos da una fuerza especial, nos ayuda a sabernos acompañados, porque su nombre es «yo estoy con vosotros todos los días» y su santidad (santificado....) consiste en preocuparse y ocuparse de la felicidad del hombre, de su vida en plenitud.

           Aunque se puede decir tanto de esta bellísima oración, confidencia de Jesús a sus discípulos, intimidad de Jesús Hijo con su Padre... lo mejor sería tener un buen rato de oración con ella, con cualquiera de las pistas que hemos recordado. Hoy, en Cuaresma, y siempre.

Enrique Martínez

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