Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

La espiritualidad del decrecimiento o la gracia de vivir la cuaresma

Creo realmente que nuestro tiempo actual tropieza con dificultades cuando se topa con palabras como “ascesis, ayuno, arrepentimiento, perdón…” También nosotros, que intentamos vivir nuestra fe con la mayor honestidad y verdad posible. Se nos ha “colado” eso de que para ser auténtico o auténtica, para ser fiel a uno mismo y al proyecto de Dios (porque nosotros solemos meter a Dios en nuestros razonamientos…), ¡no hay que cambiar en nada! ¡Rectificar es de cobardes! ¡Sé fiel a lo que eres y dices! ¡disfruta la vida, no te quedes a medias, vive a tope!

Hoy es miércoles de ceniza. Hoy inicia el tiempo de cuaresma. Un tiempo de gracia, de salvación, de conversión…¡de oportunidad! ¿Quién sería capaz de desechar un tiempo para mejorar, para ser el-mejor-uno-mismo-posible, si realmente se creyera que contamos con la gracia “suficiente”  para que la conversión sea eficaz y realista? ¿Nos creemos de verdad lo que decimos de la cuaresma? ¿O sigue siendo un tiempo incómodo, un trámite que hay que pasar para llegar a la Pascua, un rito antiguo y vacío de contenido de una Iglesia vieja y aguafiestas?

No lo pregunto a los no creyentes, que, lógicamente, no tienen herramientas por qué adentrarse en este tiempo. Lo pregunto a quienes confesamos la fe en Cristo Jesús, en la Iglesia, en Dios Padre, en el Espíritu Santo, fuente de vida. Me lo pregunto a mí misma: ¿de qué tengo que convertirme?... ¿O es que acaso ya está todo hecho? Esta Cuaresma, me recuerda de un modo muy especial el pensamiento llamado del “decrecimiento”: un compromiso en lo político, en lo económico, en lo social y espiritual por crecer “decreciendo”, sumándose a lo pequeño, teniendo la sabiduría suficiente para dejar de ambicionar y amontonar para seguir reconstruyendo hacia dentro… Por eso la imagen de este movimiento es el caracol:


«El caracol construye la delicada arquitectura de su concha añadiendo una tras otra las espirales cada vez más amplias; después cesa bruscamente y comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento, ya que una sola espiral más daría a la concha una dimensión 16 veces más grande, lo que en lugar de contribuir al bienestar del animal, lo sobrecargaría» (Ivan Illich. La estrategia del caracol).

Por supuesto: alimentarse de la Palabra, ayunar y dar limosna con sentido evangélico, perdonar y pedir perdón, poner el corazón transparente ante Dios y su misericordia, luchar por la justicia y la compasión… todo ello son herramientas privilegiadas que la Iglesia nos ofrece. Pero, ¿no te parece curioso que desde otras perspectivas distintas el ser humano esté descubriendo la gracia de lo pequeño, del cambio, de la conversión, de dejar de salir hacia fuera y crecer hacia dentro?

Por cierto, desde esta clave de fe que busca hacerse real en el amor, no dejes de meditar el Mensaje de Cuaresma del Papa.

Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

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