Comentario al Evangelio del

Pablo Largo

Queridos amigos:

En este mismo evangelio de Marcos, Jesús recuerda ante el joven rico que hemos de honrar padre y madre (Mc 10,19). No tira por tierra el cuarto mandamiento. Ni proscribe las palabras “madre”, “hermano”, “hermana”. ¡Como que las emplea sin reticencia para hablar de su nueva familia! Sabe que la realidad familiar ofrece grandes dones: lazos afectivos, seguridad emocional, economía compartida; pero también puede estar encerrada en un círculo de intereses demasiado estrechos y sofocar la libertad de los miembros.

A Jesús le queda muy angosta nuestra noción de parentesco. Él ha abierto un nuevo libro de familia. Podemos registrarnos. Para inscribirse se requiere una sola condición: que la propia voluntad rime con el querer de Dios y movilice las energías de los candidatos a miembros de esa nueva familia; porque, en realidad, lo que hermana es enrolarse en el proyecto de Dios, dejar que él señale en nuestra agenda las tareas que hemos de emprender, las actitudes que procede adoptar, los amores que importa profesar. En ese grupo surgen nuevos lazos afectivos, se genera una nueva seguridad emocional, sin excluir riesgos, se ponen los bienes en común. La primera comunidad de los Hechos de los Apóstoles y tantas otras posteriores han plasmado concretamente esa nueva familia.

Hoy Jesús ha enseñado a la gente, no con un complicado dilema, sino con una pregunta, un gesto (la mirada que pasea alrededor del corro) y una frase breve que podemos memorizar. Hoy nos invita a reafirmarnos como miembros de su familia.

Un saludo fraterno
Pablo Largo

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