Comentario al Evangelio del

Bonifacio Fernández, cmf

Emmanuel: para Dios nada hay imposible

Las figuras del adviento nos van introduciendo en la espera impaciente del nacimiento del Mesías. Se trata de un nacimiento inesperado. Acaz no lo quería creer; prefería el futuro de las alianzas militares. Pero Dios le dio el signo más nuevo y sorprendente. Una joven a concebir y das a luz un hijo. Será la garantía del futuro. Y no de un futuro cualquiera: de la presencia prometida por Dios. Será Emmanuel, Dios con nosotros.

El evangelio relata la anunciación del ángel Gabriel a María. Se trata de un relato de estructura vocacional: encuentro, diálogo, objeción, aceptación y misión. La vocación maternal de María es contada al modo de la vocación de los líderes  y profetas del Primer Testamento. La respuesta de María a la vocación de ser Madre del Mesías es paradigmática para los creyentes: “Hágase en mí según tu palabra”. El fiat de María como respuesta a la llamada personal, a la necesidad de cambio y a la misión de madre del Mesías, la convierte en modelo para los discípulos del Hijo.

La historia de la liberación y de la alianza de Dios con nosotros tiene estructura de diálogo. El Dios de la alianza quiere contar con las mediaciones humanas. Está con nosotros. Muestra su presencia a través de nosotros. Es Emmanuel. Y pensando en nuestra misión de mediación, viene a la mente la comparación de los dos mares; el mar de Galilea que recibe el agua y la entrega y es fuente de vida; y, por otra parte, el mar muerto, que recibe y no da. Y se muere.

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