Comentario al Evangelio del

Bonifacio Fernández, cmf

Yo me excuso, tú te defiendes

La generación, destinataria primera del mensaje de Jesús, era muy experta en excusas. Ante la apremiante palabra de Jesús que urgía a la conversión, bien valía la pena inventar excusas para no dejarse tocar por el mensaje. La parábola de los niños descontentadizos, que juegan en la plaza y no se ponen de acuerdo, tematiza este mecanismo de defensa. Uno no está dispuesto a dejarse afectar, y cualquier razón es buena para justificarse, hasta las razones más peregrinas o ridículas. Si Juan no come porque no como. Si Jesús  come porque come y es amigo de publicanos y pecadores. Todo vale para engañarse a sí mismo y sacudirse la interpelación de la llamada apremiante.

La fecundidad y el futuro de Israel están ligados a la fidelidad del pueblo a la alianza. La fidelidad a la alianza es la condición de la vitalidad y fecundidad del pueblo de Israel. Cuando el pueblo de la promesa se desvía va al fracaso histórico. En cambio, si el pueblo fuera fiel se cumpliría la promesa hecha a Abrahán. Se menciona el progreso del pueblo: “Sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar. La metáfora que compara la descendencia a las arenas de la playa, vuele a aparecer aquí para referirse al crecimiento del pueblo: “tu progenie sería como arena; como sus granos, los vástagos de tus entrañas”. La tendencia a sobrevivir en el propio apellido que continúa en los descendientes es también mencionada en el texto. “Tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí”.

En tiempo de ruptura de la memoria cristiana, en los cuales resulta tan difícil la transmisión de la fe, tal vez viene a la mente el mismo argumento: “si hubieras atendido a mis mandatos”, sería tu paz como un río. Parece que pide el cuerpo interpretar que si no generamos nuevos cristianos es porque no somos buenos. Paralelamente, si no vienen vocaciones a la vida consagrada es porque somos mediocres… No se puede excluir el argumento. Pero tampoco se puede absolutizar y usar como fuente de culpabilidad. Lo que corresponde es orar al Padre para que nos haga vislumbrar los caminos de la venida de su reino, y del avance de la historia hacia la  plenitud de la vida.

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