Comentario al Evangelio del

Fernando González

 

El dogma de la Inmculada Concepcion de María no es fácil de entender. De hecho el título de a encíclica con la que Pio IX lo proclamó el 8 de Diciembre de 1854 fue "Inefabilis Deus". Una constatación más de que la inefabilidad del misterio de Dios y de la insuficiencia de la razón humana para desvelar su misterio. De alguna manera nos habla de la elección de Dios a María, una elección que no es circunstancial, aletoria, sino que es efectiva ya desde el seno materno, y aunque El siempre cuenta con nuestra libertad para responder si o no. María es figura de la humanidad futura, imagen de la Iglesia que camina en la historia y que sido elegida para alumbrar al Salvador, y por ello anuncia un futuro en el que la humanidad liberada de pecado y de la muerte vivirá en plenitud su vocación al amor y a la Vida. 

Me parece que la fiesta de la Inmaculada simboliza la solidaridad de la Madre santa con todos sus hijos pecadores y con todos los hijos pequeños que sufren más las consecuencias del pecado del mundo. En la Madre transformada por la gracia descubrimos lo que somos y lo que estamos llamados a ser en plenitud. Este descubrimiento fortalece nuestra esperanza. Por eso, aunque a mis amigos liturgistas no les parezca muy acertado, la Virgen Inmaculada es la Virgen de la esperanza, la Virgen del Adviento. Así la canta uno de los himnos de la liturgia de este tiempo: "Virgen del Adviento , / esperanza nuestra, / de Jesús la aurora, / del cielo la puerta". Y, más adelante, haciéndose eco del evangelio de hoy, añade: "Eres, Virgen Madre, / la de gracia llena, / del Señor la esclava, / del mundo la reina".

 

Este último matiz exige una pequeña explicación. Donde María manifiesta su condición inmaculada es en su entrega. Estar libre de pecado no la convierte en una estrella del "dolce far niente", en una cortesana ociosa. Al contrario, por la gracia de Dios ha quedado totalmente liberada para hacer de su vida una oblación. Donde no hay pecado sólo hay sitio para el amor. La inmaculada es, por lo tanto, la sierva; es decir, la que no se guarda nada para sí sino que lo da todo. El fruto de una entrega tan total sólo puede ser Dios mismo: "Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo". Así que, la Inmaculada no es sólo la Virgen del Adviento sino también la Virgen de la Navidad.

Vuestro hermano en la fe:

Fernando González

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