Comentario al Evangelio del

Fernando González

Queridos amigos:

Os confieso que a veces me siento un poco harto de nuestras oraciones. O quizá sería mejor decir de "mis" oraciones. A veces tengo la impresión de que le cuento muchas cosas a Dios, que no paro de pedir y de pedir, pero no estoy dispuesto a hacer su voluntad. Me cuesta reconocerlo, pero nos sobran muchos "Señor, Señor", muchas exhibiciones de religiosidad. Se puede ser muy piadoso y muy poco religioso. Las pruebas de la vida van midiendo la solidez de nuestra fe. Yo pensaba que Jesús era sólo experto en imágenes tomadas del mundo agrícola, pero veo que se maneja bastante bien en el campo de la arquitectura. No sé cómo alguna empresa especializada en cimientos y estructuras no ha empleado este texto para su publicidad.

Bromas aparte, este texto me ha recordado algunas imágenes de televisión en las que aparecían las consecuencias de las inundaciones como las que recientemente provocaba  el huracán Sandy por Haití o Cuba, hasta llegar al la mismísima Gran Manzana, la gran urbe símbolo de la globalización. A su paso por las islas del caribe derribó muchas casas hechas con cuatro maderas y unas pocas planchas de zinc. En las que se produjeron en Inglaterra durante este otoño se pudo comprobar que no afectaron a la estructura de las edificaciones, aunque también hubo algunas pocas personas que perdieron la vida. Un mismo fenómeno puede ser grave en los países ricos y sencillamente desastroso en los pobres. Todo depende de la solidez de los cimientos y de los materiales empleados.

Creo que en nosotros sucede lo mismo. Por eso me pregunto a menudo en qué consiste tener buenos cimientos: ¿En una recia educación familiar durante los años de la infancia? ¿En una fuerte experiencia de fe pasada por la prueba de la duda o del sufrimiento? ¿En unas firmes convicciones acerca del sentido de la vida? Me parece que para Jesús los buenos cimientos no consisten en una educación exquisita. Él no es, en primer lugar, un pedagogo. Los cimientos a los que se refiere se resumen en dos verbos: escuchar y practicar. Escuchar (no sólo oír) su palabra y ponerla en práctica. O sea, ir detrás de Él, apoyar nuestra mano en la suya para no vacilar.

 

Vuentro hermano en la fe
Fernando González

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