Comentario al Evangelio del

Pedro Belderrain, cmf

Estrenamos semana. Y no una semana cualquiera: la semana que nos introduce en el mes de noviembre y nos recuerda que poco a poco nos acercamos a 2013. El año, que parecía tan largo, va llegando a su fin. Empezamos además una semana singularmente hermosa en la que la Iglesia nos invita a recordar a Todos los Santos y a los fieles difuntos. No nos privemos de la riqueza que la liturgia va a poner a nuestra disposición.

Llevamos tiempo acompañando a Jesús, en el relato de Lucas, en su camino a Jerusalén. En él el Señor va anunciando el Evangelio con sus palabras y con sus hechos. En el relato de hoy brillan tanto unos como otros. Jesús cura (endereza) a la mujer encorvada. No le libra de un lumbago de días, sino de una dolencia de largos años vinculada a algo más profundo. Tampoco lo hace en un lugar ni en un momento cualquiera: estamos en la sinagoga y es sábado. No tenemos indicios, como otras veces, de que Jesús haya buscado expresamente estas provocativas circunstancias. Pero el lugar y el momento están cargados de significado.

Los enemigos del Reino invocan una vez más lo que ha sido presentado como voluntad de Dios: ¿a quién se le ocurre pedir curación en sábado?

Las lecciones pueden ser varias. Jesús nos invita por enésima vez a poner las cosas en su sitio y a dar a cada una la relevancia que tiene. Pero también vuelve a exhortarnos a ser cautos cuando invocamos el Nombre del Señor y desenmascara las excusas tras las que escondemos nuestras comodidades: “cualquiera de vosotros…”.
Los cristianos de hoy nos encontramos a menudo ante dilemas de este tipo: ¿qué valorar más?, ¿qué relevancia tiene cada cosa, cada principio, cada norma, cada situación? Que el Padre del Cielo nos dé su Espíritu (el de Jesús) para discernir como conviene.

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