Comentario al Evangelio del

Alejandro Carbajo Olea, cmf

Queridos amigos, paz y bien.

Empieza esta semana con la memoria de santa Mónica, ejemplo de perseverancia en la oración para pedir la conversión de su hijo. La insistencia de una madre todo lo puede. Vaya en primer lugar una oración por nuestras madres, allá donde se encuentren

Y vayamos con la Palabra de hoy. Más de los fariseos, otra de las disputas de Cristo con ellos. Podemos decir que, en general, los fariseos eran gente que se esforzaba por alcanzar la salvación. Entonces, ¿por qué fallaron? ¿Por qué no pudieron  ver en Jesús como Mesías? Parece que hoy esta Palabra nos da algunas pistas.

Estos hombres, a través de sus doctrinas, de su interpretación de la ley y de sus prácticas, habían dejado sin efecto los mandamientos de Dios. Queriendo acercarse a Él, se habían alejado. Era más importante el diezmo que atender a los padres, por ejemplo.

Por otra parte, la salvación se había convertido en algo para una élite exquisita, perteneciente a una casta exclusiva. Y Jesús nos recuerda siempre que su salvación es para todos. Por eso, lo que decimos, lo que hacemos, debe estar orientado a nuestra salvación, sí, pero también a la de los demás.

Algunos, por lo que podemos leer, hicieron un uso perverso de la religión, buscando aprovecharse de los demás, impresionarlos demostrar lo mucho que sabían y lo buenos que eran. ¡Qué malos eran estos fariseos! Por cierto, tú,  ¿para qué eres cristiano? ¿Para qué trabajas en la parroquia, para qué eres catequista, para qué haces cosas en Cáritas…? ¿Para que te vean y digan qué bueno eres, o para mayor gloria de Dios? Revisión de motivaciones, para no ser fariseos…

Las Hermanas de Teresa de Calcuta rezan todos los días, después de la Misa, una oración en la que piden que la luz de Cristo brille a través de ellas. No su luz, sino la luz de Cristo. Eso, quizá, es lo que no entendieron los fariseos. Lo primero, Cristo. Después, ya veremos.

Los escribas y los fariseos hacían finas distinciones entre los tipos de juramento con los que uno podía comprometerse. Está claro que no era esa la idea del juramento, como Jesús les hace ver. Nosotros, que no somos fariseos, podemos hacer algo parecido hoy. Por ejemplo, cuando damos mucha importancia a algunos mandamientos, mientras que otros no cuentan para la salvación. O cuando pontificamos, diciendo yo pienso así y me parece, en vez de enseñar a la gente lo que dijo Cristo y lo que nos dejó en la Biblia.

Vale por ahora. Nos podemos quedar con la enseñanza de la santa de hoy. No es imposible ser sencillo, ser fiel y ser santo. Santa Mónica lo fue. Puedes leer algo sobre su vida aquí. Ella supo encontrar un buen Guía, para ella y para su hijo.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.

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