Comentario al Evangelio del

E. A.

No amontones tesoros en la tierra... amontona tesoros en el cielo... donde está tu tesoro, allí está tu corazón. Dos experiencias entrelazadas me evoca estas palabras del evangelio: búsqueda y encuentro. El “tesoro”, valor material, humano, moral, afectivo, espiritual... que me implica y complica la vida: una persona, un proyecto, una idea, una institución, una causa justa, una utopía... Dios. En la tensión dialéctica de búsqueda y encuentro nos jugamos la vida. Porque somos seres humanos en relación, con necesidades y deseos: de arraigo, de profundidad, de crear urdimbre interior de certezas que nos sostengan, de desarrollar dinámicas de búsqueda modulando deseos que nos vertebren como personas y que nos hagan mirar la vida desde Dios. Nos jugamos la vida en el encuentro. Porque la auténtica experiencia religiosa surge cuando tenemos la certeza de habernos encontrado con Alguien que nos trasciende y sustenta. Nos integra y unifica. Oportunidad de decisión que acontece en el corazón.

No amontones tesoros en la tierra... amontona tesoros en el cielo... Arraiga la vida. Fundamenta tu proceso en pilares no caducos. Reconoce tu historia de salvación y nutre tus raíces en la verdad de lo aprendido. Siente la serenidad. No favorezcas la indiferencia, la apatía, la demasiada relatividad. Sé constante. Empéñate con fuerza de voluntad. Aprende de permanencia. Cree y crece en la fidelidad. Vive en la esperanza. Adéntrate en el misterio de la eternidad.

Quién ha encontrado el tesoro y ha puesto su corazón en él puede presumir de sentirse entrañablemente amado, de vivir fundamentado y sostenido en lo esencial, de reconocerse regalado en fidelidad y esperanza, de tener palabra verdadera que confronta la vida y hace salir de sí, de saber entender la vida y a las personas con la mirada de Dios, de saberse acompañado en la dificultad y reconfortado en el cansancio, de experimentar en la vulnerabilidad -si hay que presumir, presumiré de lo que muestra mi debilidad- la fuerza de la gracia que envuelve y capacita como instrumento al que consiente la acción de Dios y contempla sus maravillas proclamando siempre bendición.

Vital es la fuerza del Encuentro, mueve y transforma la vida, porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón...
Nada puede importar más que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras,
atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida:
Que es lo que te saca de la cama en la mañana,
Qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees,
lo que conoces,
lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el Amor!
Todo será de otra manera.
(P. Arrupe, sj)

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