Comentario al Evangelio del

Rosa Ruiz, misionera Claretiana

 

Vamos a empezar el día con un poco de música: Tú vales mucho más que todo el oro, canta Ixcis. A veces, me gusta orar con este canto y sentir que también el mismo Jesús me lo dice a mí: 

Rosa (¡pon aquí tu nombre!), tú vales mucho más que todo el oro…  No tienes precio porque te he rescatado a precio de mi propia vida

Y, a veces, ocurre que no sabemos dejarnos mirar así. No sabemos recibir de alguien tanto cariño, tanta valoración, sin creernos que eso nos hace mejores que el que tenemos al lado. 

No sabemos pedir lo que nos conviene. Y desde luego, tampoco sabemos amar como Él nos ama, como nos conviene. ¡Es difícil! Entramos enseguida en disputas por los primeros lugares, por ser más o menos que los demás, por sentarnos a la derecha o a la izquierda de quien manda. Peor aún: a la izquierda o la derecha del mismo Dios.

También cada uno de nosotros llevamos dentro un Zebedeo. Confundimos el precio inigualable de nuestra vida, el valor total que Dios nos da, la confianza que nos tiene ­-¡no nos cambiaría por nada a ninguno de nosotros, somos suyos!- con adelantar puestos hacia arriba. El orden es justamente inverso: 

No sea así entre vosotros, de más precio que el oro para mí. Valéis tanto, que os quiero conmigo, junto a mí, como Yo: servidores de todos, los más pequeños siempre.

Ojalá, Señor. Pero ayúdanos, porque no sabemos… seguimos sin aprender a ser pequeños.

Vuestra hermana Rosa Ruiz, misionera Claretiana 

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