Comentario al Evangelio del

Pablo Largo, cmf

 

Queridos amigos:

Hay una palabra-gancho que permite enlazar el relato de Hechos y el discurso de Jesús: la palabra “elegir”. A Matías lo ha elegido Dios para ocupar el lugar dejado vacante por Judas y así completar el número de los Doce. El comienzo del edificio eclesial debía ser íntegro y tener los doce cimientos. Matías cumple las condiciones para la elección.

“Cumple las condiciones”: ahora contamos con una fórmula-gancho que nos permite un segundo enlace. Jesús ha empleado una frase condicional: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando». Esto significa que el título de amigos de Jesús nos lo hemos de ganar cumpliendo la condición que él señala, como se lo ganó Matías y lo perdió Judas. Aunque, yendo más al fondo, poder hacer lo que nos manda es un regalo del Redentor. Y, yendo también al fondo, más al fondo, el de amigo es un título regalado de modo incondicional: «Os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer». Solo a los amigos se les revelan los secretos, las verdades más guardadas y palpitantes que uno lleva dentro. Y hay un nuevo regalo: el don de la alegría de Jesús, una alegría que él no se reserva para sí, sino que comparte de modo desbordante.

La alegría es un don pascual imprescindible para Matías y para todo evangelizador. Benedicto XVI nos lo ha recordado varias veces, en pos de Pablo VI, que escribió: seamos mensajeros del evangelio «con un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea esta la mayor alegría de nuestras vidas entregadas. Y ojalá que el mundo actual –que busca a veces con angustia, a veces con esperanza– pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo» (Evangelii nuntiandi, 80).

En suma: cuatro regalos y una condición: el regalo de la alegría, el regalo de la amistad, el regalo de la revelación y el regalo de poder cumplir la condición que Jesús pone para ganarnos su amistad. ¿Qué otra manera hay de expresar la gratitud que no sea la de tratar de complacer al dador de tales presentes?

Vuestro amigo

Pablo Largo

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