Comentario al Evangelio del

Mª Luz García

Queridos amigos y amigas:

Vamos a identificarnos hoy con las palabras “tú eres mi hijo” como si Dios mismo nos lo dijera a cada uno. ¿No te conmueves antes esta afirmación? Son la raíz y sentido de nuestro ser y existir. Somos obra suya desde el principio al fin de nuestra vida. Podemos llamar a Dios – Padre– porque antes Él nos ha configurado como tales. La iniciativa ha nacido de su Amor entrañable, contando con nuestra pobreza y limitación.

Cada día podemos renovar y actualizar este “te he engendrado hoy”. Para ser conscientes de la vida; para agradecer la riqueza del presente y la de tantos dones cotidianos como recibimos de Él.

Recreemos cada día el sentirnos hijos. Agradezcamos cada detalle que nos haga ser felices. Relativicemos lo que, para nosotros es negativo y doloroso. Tratemos de darlo sentido desde nuestra filiación divina. Además, nuestro Padre nos regala la Creación, “los confines de la Tierra” para que disfrutemos y hagamos fructificar en bien del amor y la fraternidad.

En este texto evangélico se comienza infundiéndonos la confianza plena en Jesús y en el Padre. Los discípulos, igual que nos ocurre hoy a nosotros, no comprenden algunos aspectos dela actuación y las palabras de Jesús y le preguntan continuamente sobre ello y sobre su relación con el Padre. Jesús se presenta como el único camino para llegar al Padre. Sus palabras y obras son el mayor testimonio de esta identificación e íntima unión. Les pide a los discípulos, nos pide a nosotros, la fe y confianza plena en este íntimo entrañamiento y vinculación Padre–Hijo.

Encontramos también en este pasaje una de las frases emblemáticas de Jesús y del sentido de su existencia: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Nos quiere demostrar que si nos abrimos a Él, a través de la fe, se convierte en nuestra senda de autorrealización y plenitud de vida. A medida que nos vamos identificando con Cristo nos concede una luz y gracia cada vez mayor y se nos revela cada vez más plenamente.

En la medida en que le vamos conociendo, se va convirtiendo en nuestro ideal de Vida, en nuestra Verdad. Y viviendo en la Verdad podemos ir respondiendo a la llamada de Dios al amor. Ahí se va forjando nuestra autorrealización. Ésta se va construyendo en la medida que nos abrimos a Jesús y dejamos que sea Él mismo quien viva y ame en nosotros.

Vuestra hermana en la fe,
Mª Luz García

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