Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

El tiempo de Pascua es el tiempo más apropiado para la celebración de los sacramentos, tiempo para celebrar el Bautismo. Y el texto del evangelio de hoy nos sitúa justamente en esta perspectiva. ¿Qué es sino el Bautismo más que “nacer en Cristo” a una vida nueva?

Nicodemo seriamente interesado por Jesús, aparece en escena como representante del judaísmo docto, pero no quiere que sea conocida su simpatía por Jesús. Por eso acude a él de noche. Reconoce algo misterioso en la persona de Jesús, pues le dice que “nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.» Jesús acepta su buena disposición pero le advierte que eso es insuficiente; es necesario un cambio radical: " hay que nacer de nuevo". Hay que aceptarle como el enviado del Padre y eso requiere el “nuevo nacimiento” que realiza el Espíritu Santo en todo el que acepta a Jesús como su Señor.

Y es ese mismo Espíritu el que hace avanzar el anuncio de la Palabra a pesar de todas las amenazas, prohibiciones y castigos físicos, como leemos en el texto de los Hechos de los Apóstoles. Visto con la perspectiva de dos mil años de historia, es admirable contemplar el coraje de aquellas primeras  pequeñas comunidades cristianas que se reunían en las casas para compartir la Palabra y el Pan. Hoy el texto nos recuerda que estando reunidos, experimentan como un segundo Pentecostés –“el lugar en que estaban reunidos tembló”. ¡Qué frescura, qué apertura la de estas primeras comunidades!

Jesús no quiere una comunidad de envejecidos por la rutina, por eso nos invita a “nacer de nuevo”. Es el Espíritu el que abre la mente y el corazón hacia nuevos horizontes.
Y es ese “nacer y renacer” de cada día nuestra tarea más bella en este tiempo de Pascua: la vida que empuja incontenible al cristiano para ser testigo de Jesús el Señor que vive para siempre.

 

Comentarios
Ver 4 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.