Comentario al Evangelio del

Pedro Belderrain, cmf

La oración colecta de hoy, cuarto viernes en nuestro camino de cuaresma, pide que el Señor nos infunda su gracia para que sepamos dominar nuestro egoísmo “y secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo”.

Que el verbo no pase desapercibido: secundar. Los discípulos de Jesús lo hemos utilizado en los últimos años en momentos importantes; en los años 90 se usó para describir qué es la pastoral juvenil (secundar el plan de Dios en el corazón de cada joven); a comienzos de siglo para expresar la tarea fundamental a la que la vida religiosa se siente llamada en nuestros días: secundar la acción del Espíritu.

Revela una hondura muy particular: quien secunda acepta la primacía de otro (en este caso del Otro) y se dispone a cooperar con él o ella en la realización de sus planes. Quien secunda tiene muy claro que no es el protagonista, que si quiere hacer las cosas bien ha de escuchar (¡y mucho!), que entre sus tareas principales está fijarse con esmero en los deseos, consignas e iniciativas de quienes le superan en importancia.

Hace ya algunos siglos que -al menos en Occidente- se ha extendido la tentación de considerarse el primero, la cabeza, el que manda. Que este viernes, en el que la Cruz brilla de modo tan singular, el Espíritu nos ayude a crecer en nuestra condición de discípulos de Jesús, el Principal.

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