Comentario al Evangelio del

Carlos Sánchez Miranda, cmf.

Hola, amigos y amigas:

El texto evangélico de hoy comienza con la decisión de Jesús de apartarse de la multitud y cruzar Galilea en busca de un espacio íntimo y de un tiempo sosegado para dedicarse a formar a sus discípulos. Hoy, les invito a que, también nosotros, como actuales discípulos del Señor, a través de esta meditación, dejemos que el Maestro nos lleve a un lugar sosegado en el que nos forme según su corazón.

La primera enseñanza que Jesús nos propone es su propia vida. No expone una doctrina teórica para que sus discípulos la anoten y se la aprendan de memoria. Jesús les anuncia cuál es el rumbo que está tomando su vida: ser entregado, morir y resucitar. Para Jesús esto es lo más importante. Llama la atención que mientras el Maestro habla de entrega total hasta el punto de dar la propia vida, los discípulos están atrapados por sus pretensiones de poder y por sus ansias de obtener puestos jerárquicos. Seguro que, de alguna manera, si nos analizamos a fondo, también nosotros nos descubrimos jaloneados por pretensiones y búsquedas que no tienen nada que ver con las propuestas del evangelio. Jesús, como buen pedagogo, no pierde la paciencia ni se da por vencido, cree tercamente que sus discípulos pueden aprender su difícil estilo de vivir, por ello vuelve a repetir la lección, pero esta vez, con dos enseñanzas igual de exigentes, pero más concretas. Primero, el discípulo debe servir y no ser servido, sólo desde la humildad y la entrega se puede emprender el rumbo de Jesús. Segundo, el discípulo debe acoger al pequeño, al marginado, sabiendo que vive un verdadero encuentro con Dios.

Servir y acoger, son dos rasgos de todo aquel que quiere entrar en comunión con el camino pascual de Jesús. Ojalá que nos atrevamos a interiorizar y practicar estas dos sencillas y profundas lecciones. No importa cuán tironeado esté nuestro corazón por pasiones y búsquedas poco evangélicas, lo que importa de verdad es que, una y otra vez, volvamos a la escuela del Maestro y escuchemos su palabra que quiere transformar nuestro corazón y nos invita a servir y a acoger, como él lo hizo.

Un saludo fraterno
Carlos Sánchez Miranda, cmf.

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