Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco, cmf

Queridos hermanos:

Este breve pasaje evangélico tiene toda la densidad, y también la generalización, de un fragmento-grapa entre dos anécdotas particulares. Hay que concatenar la misión realizada por los discípulos –supuestamente partiendo de Nazaret o alrededores- con la multiplicación de los panes, que se realizará en algún lugar de la ribera del lago, siempre en territorio judío; y el evangelista lo hace con algunos tópicos significativos

Jesús y los discípulos son presentados como centro de atención de las multitudes; se habla panorámicamente de lo realizado por los discípulos enviados (“lo que habían hecho y enseñado”) y de una multitud insaciable en escuchar o recibir la acción benéfica de Jesús, y quizá también la de los mismos discípulos. Se ha suscitado todo un movimiento de masas: “concurrieron a donde ellos, a pie, desde todas las ciudades”. Y Jesús, compadecido de esas masas hambrientas de la palabra, vuelve a obsequiarlas con su enseñanza. Se programa un descanso que, en realidad, no va a tener lugar.

“Descansar un poco, en privado, en un lugar desierto”. Tal vez el evangelista quiere recordar a su iglesia algo que se percibe en la conducta de Jesús: la tarea de evangelizar debe tomarse con ganas, pero sin ansiedad; el primero de los evangelizadores siempre buscó tiempos para “reponerse” espiritualmente, en soledad, en oración al Padre (cf. Mc 1,35; 6,46). El evangelizador que no se reserva esos espacios y lugares acaba “secándose”, no teniendo ya nada que ofrecer, y quizá incluso desmotivado para la tarea (¡sería interesante que sacerdotes, catequistas, y en general agentes de evangelización, nos preguntemos cuánto tiempo de oración, silencio y soledad nos tomamos habitualmente!).

Se compadeció porque “estaban como ovejas sin pastor” (Zac 10,2). La expresión no es, por tanto, original del evangelista. Por supuesto él conoce el corazón compasivo de Jesús, que frecuentemente le lleva a realizar curaciones, y siempre a perdonar y consolar. Pero aquí hay algo más: Jesús ofrece su palabra, su enseñanza para que las multitudes puedan orientar certeramente sus propios pasos. El pasaje del Antiguo Testamento se presentaba a Yahvé como guía de un pueblo engañado y extraviado por agoreros y nigromantes; ahora es Jesús, presencia insuperable de Yahvé, quien cuida de esas ovejas.

En la Roma del evangelista había muchos adivinos, magos, sibilas,… Al cristiano de entonces se le advertía que no fuese a ellos sino al evangelio. ¿Qué diría hoy a quienes andan atentos a brujos y “videntes” que han montado sus canales de televisión al servicio del engaño y del negocio? Aunque el cántico que voy a recordar no sea una obra de arte de primera categoría, vale la pena tomar en serio su texto: “no fijéis los ojos en nadie más que en Él….”.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf