Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, cmf

Jesús aprovecha la visita de su familia para enseñar algo fundamental para todo el que quiera ser discípulo suyo: en el reino de Dios la verdadera familia va más allá de los lazos de la sangre  y  esta nueva familia  la integran todos los hombres y mujeres que cumplen la voluntad del Padre del cielo.
   
Jesús no rechaza a su familia, más bien nos quiere mostrar que hay una forma más completa y perfecta de ser familia: abrirse a la vida de fe mediante la escucha de la Palabra de Dios.
   
La oposición de su familia a la acción del Espíritu Santo en Jesús aparece claramente en esta visita de su “madre y sus hermanos”.  Jesús no reconoce como familia suya a quienes no hacen la voluntad del Padre y no colaboran para que su reino llegue a esta tierra: en ese nuevo reino todos somos hijos de un mismo Padre y formamos  una sola familia.
   
Intencionadamente indica Marcos que su madre y sus hermanos estaban “afuera”, distinguiendo entre “afuera”  y “adentro” con un sentido evidentemente simbólico. Jesús se encuentra “dentro”, en medio del grupo de los discípulos, su nueva familia, la familia del reino, que no está formada por la muchedumbre, sino por la gente que está sentada  a su alrededor, como grupo de discípulos que escuchan la Palabra.
   
Es claro que el evangelista Marcos no subraya la relación madre-hijo entre María y Jesús. Acentúa la renuncia de Jesús a su familia y advierte claramente a los familiares que no pueden pretender ningún puesto de privilegio en la comunidad de los cristianos por el mero hecho de su afinidad carnal o  de su parentesco.
   
A veces hay lectores que se sorprenden y discuten sobre lo  que se dice en este texto sobre los “hermanos de Jesús”.  La palabra “hermano”  puede sonar extraña, pero en la Biblia hermano también significa, según los casos, hermano, sobrino, primo carnal, o simplemente pariente.

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