Comentario al Evangelio del

Luis Manuel Suarez, cmf

Queridos amigos y amigas:

En este año 2012 se cumplen 100 años del hundimiento del Titanic. Era un barco fabricado con la mejor tecnología de su momento, y se consideraba indestructible. Y sin embargo, imprevistos de la historia, el barco se hundió trágicamente al chocar con un iceberg al sur de Terranova.

En la Palabra de hoy se nos muestran otros imprevistos de la historia: a Ana, mujer estéril, tras desear y orar al Señor, le es dado el hijo que tanto esperaba. Y de ese gozo, le sale el cántico que expone cómo Dios es capaz de dar la vuelta a las cosas, para que los últimos sean los primeros su proyecto siga su curso.

Leyendo el evangelio, me parece entender para qué vino Jesús: para dar la vuelta a las cosas. Porque no es normal, y no deberíamos acostumbrarnos a verlo así, que en el mundo domine el egoísmo, el odio o las desigualdades que deshumanizan. Él viene a poner las cosas en su sitio, lo cual pasa por cosas tan paradójicas como que “los últimos serán los primeros” o “amar a los enemigos”.

Hoy aparece sometiendo a los espíritus inmundos. Cada época tiene los suyos, con sus manifestaciones. Pero está claro que donde entra Jesús, se ponen a temblar. No hay sitio para ellos. Con su sola presencia...

Jesús comenzó a someter a los espíritus que pretenden destruir el proyecto de Dios. Desde entonces, la lucha continúa. Con las armas de Dios: saber mirar, discernir, reconocer, anunciar, denunciar, actuar, pedir perdón, reconciliar, acompañar, bendecir, entregar, devolver bien por mal, saber renunciar, volver a confiar... Para que el mundo deje de ser inmundo, recupere su dignidad y vuelva a ser lo que está llamado a ser.

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez, claretiano (luismanuel@claretianos.es)

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