Comentario al Evangelio del

Pepe Vico

Queridos amigos:

Hoy es una fecha especial para mí. Es el día de mi cumpleaños. Si vivieran mis padres, no permitiría que ellos me felicitaran. ¡Yo les felicitaría a ellos! Y lo haría, porque sé la historia de amor que ellos vivieron conmigo, tanto para traerme al mundo como para cuidarme en él, mientras vivieron. A la palabra GRACIAS no le sobra ninguna letra. Lo que sí haré hoy será celebrar la eucaristía en comunión con ellos.

Las lecturas me parecen estupendas para un día como éste. Son una llamada a la conversión, que tomo en primera persona del singular, como si fuera dirigida directamente a mí. “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”. Estoy convencido de que la conversión que pide Jesús, no es sólo una conversión moral (que intenta poner orden en una vida desordenada). Sería eso, quizá, pero sería mucho más que eso. Lo que pide Jesús es que el encuentro con Él engendre alegría y pasión por el Reino de Dios y por el Dios del Reino. Que sea el Reino, y no otra cosa, lo que busque quien se acerque a Jesús, como yo ahora. Que por el Reino lo deje todo y lo arriesgue todo. Ésta es mi primera petición en este día de mi cumpleaños, que celebro con mis padres: que me convierta al Reino.

La segunda petición está tomada de la primera carta de Juan y es que “creamos (que crea) cada vez más en Dios y en su Hijo, Jesucristo”, y, en consecuencia, “que nos amemos unos a otros como Él nos mandó”. Tenemos que amarnos como Él nos ha amado y nos sigue amando. Tenemos que amarnos en clave samaritana, no sólo de manera individual, sino también de manera colectiva. Porque las masas también son mi prójimo, que diría Pío XII. Tenemos que amarnos como servidores. Y me gustaría que en temas como éste no hablara de memoria. Hay testigos que aman como servidores y no sólo con su afectividad. Sin ir más lejos, hemos celebrado en nuestra comunidad a un hermano, que se ha desvivido durante cincuenta años en el servicio a los otros. Yo me he sentido en deuda con él. Y quisiera pedir, en este día, que Jesús me dé tanto amor como para desvivirme por los demás, en las pequeñas cosas de cada día.

La tercera y última petición es que viva de un Espíritu que confiese a Jesús y dé testimonio de Él. Que pueda decirme Jesús, como les diría a los miembros de la comunidad del apóstol Juan: “Vosotros, hijos míos, sois de Dios” y no sois del mundo. ¡Que así  sea, amén!

Un abrazo de Pepe Vico.

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