Comentario al Evangelio del

Fernando González

Queridos amigos y amigas:

Este año cae un poco tarde la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Estamos estrenando el mes de Julio. Os invito hoy a contemplar el “corazón de Cristo” como la válvula que hace circular el amor por nuestro mundo.

Como todo corazón, el suyo tiene:

Un movimiento de sístole. El corazón de Cristo concentra, absorbe, todo el desamor y el sufrimiento que existen en nuestra tierra. Es un corazón compasivo, que hace suya la contaminación que emponzoña la aceptación de nosotros mismos, las relaciones humanas, la construcción de “otro mundo posible”. Los evangelios dibujan a un Jesús que se acerca a cualquier persona necesitada, sin poner barreras de ningún tipo.

Un movimiento de diástole por el que pone en circulación el amor de Dios por todas las arterias de los seres humanos. Los Santos Padres han visto en “el agua y la sangre” que brotan del costado de Cristo una alusión simbólica a los sacramentos (bautismo y eucaristía), como expresiones de ese amor de Dios a toda la humanidad, un amor que nos descontamina (bautismo) y que nos nutre (eucaristía).

Los símbolos están expuestos a muchas deformaciones, pero, en su centro, nos remiten siempre a lo esencial. El “corazón de Jesús” es más que esas antiguas imágenes que se colocaban en las puertas con la inscripción: “Dios guarde esta casa”. Es el símbolo del “centro” de Jesús: su experiencia del Dios-Abbá y su entrega absoluta a los seres humanos.

Vuestro hermano en la fe:
Fernando González

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