Comentario al Evangelio del

Juan Carlos Martos, cmf

Queridos amigos y amigas:

En el evangelio de hoy Jesús parece jugar con el concepto de tiempo: “dentro de poco…”, “poco más tarde…”. Nosotros, como los discípulos, nos preguntamos también qué quiere decir ese “poco”. Porque hay un tiempo largo y un tiempo corto. No es el mismo tiempo el que mide el reloj y el que percibe nuestra psicología. El tiempo de vacaciones suele ser más corto que el transcurrido en el hospital. En la vida de cada uno de nosotros los tiempos de “pasión” se hacen mucho más largos que los de “pascua”. No contamos con una medida universal que compute con exactitud los adjetivos temporales “corto” y “largo”.

¿Qué respuesta da Jesús la pregunta de los suyos sobre el devenir temporal? Su respuesta se reduce sencilla y llanamente a una promesa: “Vuestra tristeza se convertirá en alegría”. El presente de amargura y desconsuelo de ahora desembocará en un futuro feliz y pleno. Serán aniquiladas las causas del dolor y de la tristeza con la victoria irreversible de la verdad y de la vida.

La lección nos aclara también a nosotros. Jesús nos invita en este evangelio a mirar más allá para vivir con sentido el más acá. Ello nos da fuerza para entender, resistir y afrontar los tiempos recios de las pruebas de la fe: la contradicción generalizada, el sinsentido pasajero, las derrotas parciales, los fracasos aparentes,… El conocimiento del futuro nos apresta para vivir adecuadamente en la tensión de esperanza, por encima de estas transitorias etapas de desazón y escepticismo.

Una consecuencia de esta nueva manera de vivir la encontramos en la primera lectura. Las desventuras misioneras de Pablo por Corinto muestran una resultante concreta y asombrosa: quien ha asumido su vida desde una perspectiva pascual queda marcado por la impronta del futuro final. Nada le detiene. Hay una inexplicable confianza en lo que se realiza. Los fracasos entre los judíos no le cierran las fronteras de la evangelización, sino que se las abren hacia el mundo de los gentiles. La tristeza que produce el rechazo de Jesús se transforma en alegría ante el espectáculo de la conversión de Crispo, de su familia y de otros muchos corintios que escuchaban, creían y se bautizaban. Espectáculos así se ven cuando ordenamos bien nuestro tiempo según el criterio de Jesús.

Vuestro amigo y hermano,
Juan Carlos cmf

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