Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

 

      El texto del evangelio de este día habría que escribirlo en letras de oro y ponerlo en las paredes de nuestras casas. Jesús, el Señor, el Maestro, el Cristo, el Ungido de Dios, el Hijo de Dios, nos declara amigos suyos. Así. A partir de aquel momento nuestro trato con él cambió radicalmente. Jesús no es el gran señor ante el que nos tenemos que prostrar. Jesús no es el amo del que dependemos en todo lo que hacemos. Jesús es nuestro amigo. La amistad implica cariño, cercanía, amor, confidencias, confianza mutua. La amistad implica la igualdad de los amigos. Ya no hay arriba y abajo, primero y segundo, más importante y menos importante. Los amigos se mueven en un plano de igualdad. Pueden enfadarse, pueden litigar, pueden disentir en algunas cosas. Pero la amistad es más fuerte que todo eso y se reencuentra en torno al diálogo tranquilo, a la conversación reposada. Una comida en un momento de amistad fuerte. Quizá por eso tenga el sacramento de la eucaristía esa importancia tan grande que tiene en la vida cristiana. 

      Ya no somos siervos sino amigos. Podemos estar orgullosos de ello. Alguno dirá que Jesús pone una condición para ser amigos suyos. “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.” Es verdad. Pero es una condición muy fácil de cumplir. Su condición es que nos amemos como él nos ha amado. Entre los amigos reina el amor. No es una condición nueva. Es simplemente darle a la amistad su verdadero y más profundo sentido. Sin amor mutuo no puede haber amistad verdadera. Y el amor, si es auténtico, es naturalmente expansivo. No se queda en una especie de egoísmo a dúo o bienestar compartido por el grupito de amigos. El amor se hace universal, no conoce fronteras, abarca a todos sin excluir a nadie. Por eso la Iglesia está abierta a todos y el mensaje de la buena nueva es para toda la humanidad. 

      El fruto del amor es la vida abundante, la vida para todos. Ese es el fruto que daremos los amigos de Jesús. Como él con su amor total nos regaló la vida y la libertad, también nosotros, sus amigos, amando como él nos amó, regalaremos vida y libertad a todos los que se nos crucen en el camino de la vida. En esta amistad no hay más que una regla: amar, sin medida y sin condiciones. Como Jesús nos amó. Como nuestro amigo nos amó y nos ama.

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