Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

 

      Interesante lectura la primera de este día. La traducción no habla de una discusión ni de un diálogo. Habla con claridad de un altercado y una violenta discusión. Tan violento que al final deciden que Pablo, Bernabé y algunos otros –suponemos que los que se oponían a Pablo y Bernabé– subieran a Jerusalén a consultar con los apóstoles. Es importante recordar que estamos hablando de los primeros tiempos del cristianismo, de las primeras comunidades cristianas, de aquellos tiempos en que todo era reciente y vivían abundantes testigos que habían conocido a Jesús en vida, que habían experimentado la Pascua, la muerte y resurrección de Jesús. Ni siquiera aquellos fueron tiempos fáciles en la Iglesia. Por definición, la Iglesia es una comunidad viva y, como tal, está llena de conflictos, de dificultades. Lo importante no es hacer como si los conflictos no existiesen. Lo importante es el modo de enfrentarlos, de buscar una solución. 

      No hay que dudar que aquellos primeros cristianos, usando la misma imagen que usa Jesús en el Evangelio, eran buenos sarmientos, estaban bien unidos a la vid. El Padre cuidaba de que todo fuese creciendo de la forma adecuada. No hay que dudar de la buena voluntad de unos y otros. Pero eso no evita los conflictos. En la Iglesia y en cualquier comunidad o grupo humano.

      Desde esa buena voluntad, es como aquella comunidad cristiana se enfrentó con aquel conflicto y buscó una solución. En primer lugar, decidieron no expulsar ni excluir a nadie. Quizá habían tomado nota de que sólo el Padre era el viñador que podía coger los sarmientos malos y echarlos al fuego. Ellos no se sentían con la autoridad de expulsar a nadie de la comunidad. Dato a tener en cuenta. En segundo lugar, decidieron consultar con los apóstoles, ampliar el círculo del diálogo, buscar más luz sobre el problema que les había surgido. Por eso el viaje a Jerusalén. 

      Ya veremos en las lecturas de los próximos días en que va a dar el asunto. Por ahora, quede para nosotros que 1) no hay que excluir a nadie ni condenar ni nada similar y 2) el diálogo siempre es posible. Porque la buena voluntad hay que suponerla en todos y todos somos sarmientos unidos a Jesús en manos del Padre.

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